A seis años de la guerra: ¿qué hacemos nosotros con Artsaj?

El 27 de septiembre de 2020 comenzó una cruenta guerra que duró 44 días. Seis años después sabemos que no terminó allí. Después vinieron nuevas ofensivas, el bloqueo de Berdzor y, en septiembre de 2023, apenas tres años atrás, el desplazamiento forzado de toda la población armenia de Artsaj. ¿Qué nos pasó durante estos años?
En 2020 las comunidades armenias de Sudamérica y de otras partes del mundo se movilizaron. Hubo marchas, caravanas, actos, campañas y reclamos políticos. Artsaj ocupaba buena parte de nuestras conversaciones. Seguíamos las informaciones desde la mañana hasta la noche y esperábamos cada noticia que llegaba desde Armenia y Artsaj, en nuestro caso también a través de nuestros corresponsales.
Muchas veces escuchamos o dijimos una frase que parecía imposible: “nunca imaginamos que nos tocaría vivir algo parecido a lo que habían vivido nuestros padres o nuestros abuelos”.
No fue lo mismo, por supuesto. Nosotros lo vivimos desde afuera. No tuvimos que llorar la pérdida directa de un hijo, abandonar una casa ni correr hacia un refugio, aunque lloramos mucho. Pero vimos una guerra en tiempo real. Vimos perder ciudades, vimos el bloqueo y finalmente vimos las caravanas de armenios dejando Artsaj. Y quedó también una sensación difícil de admitir: que podíamos hacer muy poco.
La derrota nos desmovilizó, admitámoslo, pero hay algo que deberíamos discutir: ¿por qué una derrota de esta magnitud no produjo una movilización todavía mayor?
Esa desmovilización también empezó a verse en nuestra propia comunidad. Algunas instituciones que durante años exhibieron la bandera de Artsaj dejaron de hacerlo. En ciertos casos se habló de evitar conflictos o incomodidades. Este año, durante las conmemoraciones del 24 de abril en Buenos Aires, volvió a plantearse públicamente la necesidad de mantener esa bandera en alto. Puede parecer un detalle pero no lo es.
Si Artsaj perdió su población armenia y quienes fueron expulsados ya no pueden hacerse escuchar desde su propia tierra, la responsabilidad de la diáspora debería ser mayor, no menor. Alguien tendrá que seguir hablando de su derecho al retorno, de los prisioneros, de los desaparecidos, de las tumbas que sus familias ya no pueden visitar y de las iglesias y monasterios que quedaron bajo control de Azerbaiyán.
Hace pocos días, la FRA-Tashnagtsutiún de Sudamérica lo planteó en esos términos: “Nuestra respuesta tiene que ir en la dirección contraria. Más Armenia y más diáspora. Más participación. Más instituciones”.
Hay además una dificultad que en 2020 no teníamos. La discusión ya no es solamente con Bakú. El propio gobierno de Armenia sostiene que para hacer irreversible la paz debe dejar de hablarse del derecho al retorno de los armenios de Nagorno Karabaj. Nikol Pashinyan lo dijo expresamente el 8 de agosto y volvió a reiterarlo ante la Asamblea Nacional.
No es el único cambio. En marzo de 2025, Pashinyan dijo que el reconocimiento internacional del Genocidio Armenio “no se encuentra hoy entre nuestras prioridades de política exterior”. Para la diáspora, que sostuvo durante décadas ese reclamo, no es un cambio menor.
A eso se suma otra decisión cargada de simbolismo: la imagen del Monte Ararat fue retirada de los sellos que se colocan en los pasaportes al llegar y salir de Armenia. Pashinyan negó que el cambio respondiera a una exigencia de Turquía. La medida volvió a abrir una discusión sobre los símbolos y sobre la idea de Armenia que el actual gobierno busca consolidar.
Artsaj, el reconocimiento internacional del Genocidio y el Ararat son temas distintos, claro, pero los tres muestran algo que la diáspora hoy tiene que enfrentar. Varias de las causas y símbolos que sostuvo durante décadas ya no ocupan el mismo lugar en la política oficial de Armenia.
¿Tenemos que modificar también nuestras reivindicaciones cada vez que cambia la política del gobierno de Ereván? Aceptar que los tiempos cambian no significa renunciar a todo lo que sosteníamos hasta ahora.
La FRA de Sudamérica reclamó también “una paz que permita mirar hacia adelante sin exigirnos olvidar lo que ocurrió”. Y agregó: “No se puede actuar como si la historia de Artsaj comenzara con la última guerra o terminara con el desplazamiento forzado de su población”.
Armenia necesita paz pero eso no impide preguntarnos qué está quedando afuera de esa búsqueda. ¿Hay que dejar de hablar de Artsaj? ¿Hay que aceptar que reclamar el retorno pone en peligro esa paz? ¿Qué pasa entonces con quienes fueron expulsados y con una historia que ocurrió delante de nuestros ojos hace apenas tres años? ¿Qué pasa entonces con los presos políticos armenios detenidos ilegalmente en Bakú?
Desde la diáspora podemos, por lo menos, seguir documentando lo ocurrido y mantenerlo en circulación. Con ese objetivo, Diario ARMENIA publicó el especial “Artsaj: La lucha continúa”, un dossier interactivo que recorre la historia de Artsaj, la guerra de los 44 días, el bloqueo de Berdzor, el éxodo de 2023, el derecho al retorno, la propaganda azerbaiyana y la cobertura realizada por nuestros periodistas desde el lugar. También recupera las movilizaciones de la comunidad armenia de la Argentina durante aquellos años. Es un trabajo extenso, con fotografías, documentos y material de archivo, que recomendamos recorrer con tiempo y, por su formato, recomendamos leerlo desde una computadora.
Sabemos bien que un dossier, una marcha o una declaración no alcanzan por sí solos. Tampoco alcanza con recordar Artsaj cada 27 de septiembre. Si queremos que el tema siga vivo, habrá que volver a participar de nuestras instituciones, incorporar a los jóvenes y escucharlos, organizar encuentros, debates, llevar esta historia a las escuelas, universidades y medios de comunicación, conservar testimonios y discutir dentro de la propia comunidad qué podemos hacer. No todos tendrán la misma respuesta ni necesariamente pensarán igual.
Conocemos el riesgo de dejar de contar una historia. Buena parte de nuestras instituciones, escuelas, iglesias, prensa y organizaciones existen porque generaciones anteriores entendieron que la memoria no se conserva sola.
Hace seis años salimos a las calles por Artsaj. Seis años después, la pregunta es si vamos a conformarnos con recordar o si todavía estamos dispuestos a actuar desde acá frente a todo lo que sigue pendiente.
Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA
La imagen que acompaña esta nota es la de Albert Hovhannisyan, artillero armenio de 19 años muerto durante la guerra de los 44 días y reconocido póstumamente como Héroe de Artsaj. Su foto quedó asociada a aquellos días y luego fue reproducida en un mural del Parque de la Victoria de Ereván. Días atrás, esa imagen fue retirada durante trabajos de restauración. La decisión provocó críticas y su familia impulsó una campaña para volver a mostrarla. Diario ARMENIA decidió sumarse y publicarla al frente de esta nota.
