Turquía reemplaza Asia Central por “Turquestán” en sus libros de texto

Turquía incorporó un cambio significativo en sus programas educativos: el término “Asia Central” será reemplazado por “Turquestán” en los libros de texto de historia, dentro del nuevo modelo educativo impulsado bajo el lema “El Siglo Turco”. La modificación fue presentada por Ankara como una decisión destinada a reforzar la unidad del mundo túrquico y recuperar denominaciones históricas que, según el gobierno turco, fueron desplazadas por categorías externas.
El ministro de Educación Nacional de Turquía, Yusuf Tekin, afirmó que el concepto de “Turquestán” fue incorporado al currículo para fortalecer la unidad del mundo túrquico y cuestionar términos que, según la visión turca, fueron introducidos deliberadamente para dividir ese espacio cultural. También sostuvo que en los programas escolares se están reemplazando nombres geográficos con “connotaciones imperiales”.
La reforma forma parte del “Modelo Educativo del Siglo Turco” y alcanza la reorganización de la enseñanza de historia. El término “Asia Central” fue sustituido por “Turquestán” en una decisión que busca reforzar la identidad turca, la conciencia nacional y el patriotismo en las nuevas generaciones, según se lee en la prensa turca.
Para Ankara, la región debe ser presentada como un espacio histórico común de los pueblos túrquicos que conecta las civilizaciones antiguas con la Turquía moderna. Desde esa perspectiva, el cambio expresa una lectura política de la historia y una estrategia de proyección cultural hacia los países de habla túrquica de Asia Central.

El historiador Ahmet Tasagıl, afirmó que el término “Turquestán” significa “tierra de los turcos” y que el uso de “Asia Central” se impuso tras la expansión rusa de fines del siglo XIX. Siguiendo esa interpretación, “Turquestán” abarca una amplia región que se extiende desde Jorasán, en Irán, y el norte de Afganistán, hasta Dunhuang, en China.
El tema se inscribe en una política más amplia de poder blando de Turquía hacia el espacio túrquico. En un escenario donde Rusia y China conservan una influencia decisiva en Asia Central, Ankara busca fortalecer su presencia a través de la cultura, la educación, la memoria histórica y la cooperación entre Estados túrquicos. La formación de una identidad común desde los manuales escolares aparece como una herramienta de largo plazo para consolidar vínculos políticos y estratégicos.
La discusión adquiere una dimensión adicional por las declaraciones recientes de Devlet Bahceli, líder del Partido del Movimiento Nacionalista (MHP), principal aliado parlamentario del presidente Recep Tayyip Erdogan y referente de la ultraderecha nacionalista turca vinculada históricamente al movimiento de los Lobos Grises. Bahceli afirmó que la ruta conocida como “Zangezur” o TRIPP debería llamarse “Corredor de Turán”.
Bahceli no presentó esa vía como un simple proyecto de transporte. La definió como una conexión estratégica entre Anatolia y “Turquestán”, capaz de fortalecer a la Organización de Estados Turcos y de acercar el ideal de reunificación perseguida desde hace más de un siglo por el nacionalismo turco. Según sus palabras, la ruta sería una “puerta histórica y cultural hacia el futuro”, desde Kars hasta las estepas de Turquestán.
El uso de la denominación “Turán” tampoco es casual. Se trata de uno de los conceptos centrales del pensamiento panturanista y remite a la idea de una comunidad política, cultural y estratégica que uniría a los pueblos túrquicos desde Anatolia hasta Asia Central. En ese marco, la conexión a través de Syunik deja de aparecer sólo como una ruta comercial y pasa a inscribirse en un proyecto geopolítico más amplio, tal como vienen denunciándolo historiadores, analistas y la FRA-Tashnagtsutiún.
La decisión de reemplazar “Asia Central” por “Turquestán” en los libros de texto es parte de una construcción política de larga duración. Turquía lleva décadas intentando proyectarse sobre las repúblicas túrquicas surgidas tras la caída de la Unión Soviética. En los años 90´s y 2000, una parte de esa influencia se expresó a través de redes educativas, culturales y empresariales, entre ellas las escuelas vinculadas al Movimiento Gülen, que tuvieron una presencia importante en Asia Central.
Aquella primera etapa funcionó como una forma de poder blando -enseñanza, idioma, contactos y formación de élites- y preparó el terreno para la fase superior que es la transformación de ese acercamiento cultural en un proyecto geopolítico de integración túrquica.
Hoy, el propio Estado turco asumió esa continuidad sin el disimulo de Fethullah Gülen. La estrategia aparece ahora reformulada desde el lenguaje del nacionalismo político. El “Turquestán” de los manuales escolares y el “Corredor de Turán” definido por Bahceli son piezas de una narrativa geopolítica que busca presentar a Anatolia, el Cáucaso y Asia Central como partes de un mismo horizonte estratégico.
En los libros de texto Asia Central pasa a llamarse “Turquestán”. En el discurso político nacionalista, la ruta que atravesaría Syunik es presentada como el “Corredor de Turán”. En ambos casos, el cambio de nombre expresa una visión de poder, identidad e integración regional que no es inocente ya que convierte la geografía en proyecto político y presenta a Armenia como un obstáculo entre Turquía, Azerbaiyán y Asia Central.
Acá reside el peligro más profundo de esta combinación entre panturquismo y panturanismo en su forma actual: convertir una aspiración ideológica en sentido común geopolítico. Primero se cambian los nombres, después se dibujan los mapas, luego se justifican los corredores y finalmente se presenta la soberanía armenia como un problema a resolver. Esa es la lógica que vuelve peligrosa esta reforma educativa porque detrás de la enseñanza de la historia aparece también el proyecto político de Turquía para la región.
Pablo Kendikian
Otomanismo: Fue una política interior del Imperio Otomano que, bajo la pretensión de una “unión fraternal” e igualdad entre todos los pueblos del imperio, buscaba disolver sus aspiraciones nacionales independientes. Funcionó como un mecanismo de dominación destinado a someter las identidades étnicas y evitar la desintegración territorial.
Panturquismo: Supuso el abandono de esa “moderación otomana” y la afirmación de la supremacía de la nacionalidad turca. En esa concepción, los pueblos no turcos dentro del imperio debían asimilarse, someterse o desaparecer. Esa lógica siguió vigente en distintas formas y, con el gobierno de Recep Tayyip Erdogan, volvió a articularse con un fuerte componente islamista.
Panturanismo: Es un proyecto más vasto y radical, surgido del panturquismo, que busca agrupar territorial e ideológicamente a los pueblos de origen túrquico y uralo-altaico, desde Anatolia hasta Asia Central, bajo una misma hegemonía. Es un proyecto nunca abandonado y vigente. Aunque atravesó períodos de repliegue, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, fue retomado paulatinamente en los años 90´s tras la caída de la Unión Soviética, con la búsqueda de influencia sobre las repúblicas túrquicas de Asia Central y, en menor medida, sobre los uigures de China. Esa orientación fue ampliada con Erdogan, en alianza con Azerbaiyán después del establecimiento de la República de Artsaj, y continuó con la creación de la Organización de Estados Turcos en 2009. Desde entonces, la proyección panturanista adquirió una base más amplia que la meramente ideológica ya que también comprende la cooperación cultural, económica, política e intergubernamental entre países de habla túrquica. Esa estructura se amplió, además, con la incorporación de Hungría, Chipre del Norte y Turkmenistán como observadores, aunque este último mantiene una política de neutralidad establecida constitucionalmente.
Daniel Karamanoukian
Historiador