Turquía y Azerbaiyán: las tensiones detrás de "una nación, dos Estados"

11 de octubre de 2026

Durante años, Recep Tayyip Erdogan e Ilham Aliyev definieron la relación entre Turquía y Azerbaiyán con una fórmula: "una nación, dos Estados". Esa alianza se fortaleció durante la guerra de los 44 días de 2020, cuando Turquía brindó un apoyo decisivo a Azerbaiyán. El propio Aliyev reconoció que había conseguido la victoria "con el apoyo de la hermana Turquía".

Sin embargo, en las últimas semanas comenzaron a hacerse visibles algunas diferencias entre ambos gobiernos, especialmente por las declaraciones de Aliyev y las reacciones que provocaron en Turquía.

El 2 de octubre, durante el congreso del gobernante Partido Nuevo Azerbaiyán, Aliyev pronunció un discurso particularmente duro contra quienes, según afirmó, intentaban interferir en las decisiones de su país. "Que cada uno conozca su lugar; que no interfieran en nuestros asuntos, que no metan las narices en nuestra forma de vida ni nos digan qué debemos hacer. Que cada uno se ocupe de su propia nación y de su propio Estado", advirtió.

También sostuvo que Azerbaiyán no necesitaba "ayuda ni patronazgo de nadie" y aseguró que todo el armamento adquirido por su país había sido pagado a precios internacionales, "hasta la última bala". Según Aliyev, Bakú nunca había recibido descuentos y, en algunos casos, incluso había tenido que pagar precios superiores a los del mercado.

El presidente azerbaiyano no mencionó a Turquía pero, según funcionarios consultados por Middle East Eye, sus palabras fueron interpretadas en Ankara como una crítica dirigida al gobierno turco. La referencia al armamento tuvo una repercusión particular por el papel que desempeñó Turquía durante la guerra contra Artsaj de 2020, cuando proporcionó respaldo político y militar a Azerbaiyán.

En junio de 2021, durante la firma de la Declaración de Shushí, Aliyev había agradecido personalmente a Erdogan y al pueblo turco por su apoyo durante aquella guerra. Ahora, sin negar ese respaldo, prefirió destacar que Azerbaiyán había pagado todo su armamento. En aquella oportunidad recordaron palabras atribuidas a Mustafá Kemal "Atatürk" a principios del Siglo XX: "La alegría de Azerbaiyán es nuestra alegría, y su dolor también es el nuestro".

En septiembre, autoridades de Azerbaiyán denunciaron una supuesta campaña de desprestigio contra el país en medios y redes sociales desde territorio turco, aunque sin responsabilizar al gobierno de Erdogan.

A comienzos de octubre se agregó una creciente controversia por las restricciones al uso del hiyab en las escuelas azerbaiyanas. Aunque la normativa aprobada en septiembre no prohibía expresamente el velo islámico, comenzaron a circular imágenes de adolescentes de Sumgait a quienes se les impedía ingresar a clases por llevarlo.

La organización islamista turca Özgür-Der realizó una manifestación frente al consulado de Azerbaiyán en Estambul, mientras algunos medios próximos al gobierno de Erdogan comparaban las restricciones de usar el velo islámico con las medidas impuestas en Turquía durante el llamado golpe posmoderno de 1997.

Hubo otro episodio que provocó críticas en sectores políticos turcos: durante la Asamblea General de Naciones Unidas, la delegación de Turquía abandonó el recinto junto con representantes de numerosos países cuando el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu comenzó su discurso. La delegación de Azerbaiyán, en cambio, permaneció en la sala.

Netanyahu aprovechó su intervención para atacar directamente a Erdogan y cuestionar, entre otras cosas, su posición frente al Genocidio Armenio. Turquía respondió al día siguiente calificando sus acusaciones de "infundadas y maliciosas".

Apenas unas semanas antes, Bakú había intervenido ante Israel para defender los intereses de Turquía. En junio, el gobierno israelí había avanzado con una iniciativa de reconocimiento del Genocidio Armenio, pero Azerbaiyán realizó gestiones para frenar su tratamiento parlamentario. El asesor presidencial Hikmet Hajiyev reconoció posteriormente esa intervención y afirmó que los intereses de Turquía constituían una "línea roja".

Si bien la permanencia de la delegación azerbaiyana no indicaba necesariamente un respaldo a Netanyahu, es evidente que marcó una diferencia visible con la posición adoptada por Turquía frente a Israel.

La relación de Azerbaiyán con Israel se profundizó durante los últimos años, tanto en el terreno militar como en el energético. A comienzos de octubre se conoció la puesta en marcha de una planta de producción de fusiles mediante un proyecto conjunto entre la empresa israelí ARI Arms y la industria estatal azerbaiyana, que contempla transferencia de tecnología y producción local. El primer fusil fabricado fue presentado a Aliyev durante la feria militar ADEX 2026, celebrada en Bakú.

En junio de 2025, la petrolera estatal azerbaiyana SOCAR había adquirido el 10% del yacimiento de gas Tamar, uno de los principales de Israel, en una operación estimada en 1.250 millones de dólares. Azerbaiyán, que desde hace años abastece de petróleo al mercado israelí, pasó también a participar directamente en la explotación de sus recursos gasíferos.

Mientras Turquía e Israel, antiguos aliados, mantienen posiciones cada vez más enfrentadas, especialmente por Gaza y Siria, Bakú sigue ampliando su cooperación con ambos países. Esta situación comienza a plantear dificultades para Azerbaiyán, que procura preservar su alianza histórica con Ankara sin comprometer una relación con Israel que considera muy estratégica.

El respaldo turco durante la guerra de 2020 contribuyó decisivamente al fortalecimiento de Azerbaiyán. Pero aquella victoria, seguida por la ofensiva de septiembre de 2023 que terminó con la limpieza étnica de la población armenia de Artsaj, cambió la posición regional de Bakú.

Con mayores capacidades militares, recursos energéticos y relaciones estratégicas propias, Aliyev parece buscar una posición de mayor autonomía frente a Turquía, sin que implique abandonar la alianza con Erdogan.

La política hacia Armenia es un ejemplo claro de cómo Turquía y Azerbaiyán actúan en tándem. Desde hace años, Ankara condiciona la normalización de sus relaciones con Ereván y la apertura de la frontera a la firma definitiva del acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán.

Según informó el periodista Ragıp Soylu en Middle East Eye el 9 de octubre, Ankara decidió no responder a las declaraciones de Aliyev y transmitió a Bakú que no pretendía intervenir en sus asuntos internos. Funcionarios turcos atribuyeron la controversia a un malentendido, mientras que el portavoz del oficialista AKP, Ömer Çelik, aseguró: "No toleraremos ningún intento de crear la impresión de una ruptura entre Turquía y Azerbaiyán".

No parece haber una crisis que amenace la alianza entre ambos países. El 30 de septiembre, apenas dos días antes del discurso de Aliyev, empresas turcas y Azerbaiyán firmaron contratos y acuerdos de cooperación militar por más de 500 millones de dólares durante la feria ADEX 2026 de Bakú.

La fórmula "una nación, dos Estados" continúa definiendo oficialmente la relación entre los dos países. Aliyev no está dispuesto a renunciar a la hermandad con Turquía, pero tampoco parece querer seguir ocupando el lugar del hermano menor.

Pablo Kendikian
Director de Diario ARMENIA

Compartir: