La situación de las mujeres en Armenia: entre la pandemia, la guerra y la crisis política

08 de marzo de 2021

Propuesta por una designación oficial por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en 1977, el 8 de marzo se conmemora el “Día Internacional de la Mujer”.

Alrededor del mundo, el día tiene distintos significados, pero en Armenia el “Día de la Mujer” es una fecha oficial del calendario estatal en la que usualmente se “celebra” a la mujer sin tratarse las cuestiones de fondo en temas relacionados a violencia de género y desigualdades.

Normalmente, los sucesivos Gobiernos del país se centraron en aspectos retóricos sin referirse a las problemáticas de fondo: en 2020, el presidente Armen Sarkissian realizó dos brindis junto a mujeres destacadas de distintos rubros y con trabajadoras del Palacio Presidencial . A todas les regaló flores.

Durante 2019, Sarkissian llamó a que sea “el año de la mujer armenia”, mientras que recibió a una delegación de emprendedoras argentinas de la iniciativa “Pollera Pantalón”.

Igualmente, estos pequeños gestos políticos que distorsionan las verdaderas problemáticas de género que sufren las mujeres en el país parecerían ser simplemente ejemplos (y consecuencias) de un modelo que explica la (falta de) respuesta estatal sobre la cuestión, sea intencionalmente o por “impericia” sociocultural.

La pandemia: encerradas con el enemigo

UNICEF Armenia informó que el primer mes después de anunciada la cuarentena los casos de violencia de género en el país aumentaron en un 30%.

En abril del año 2020, la oficina del Ombudsman de Armenia informó que durante el estado de emergencia a causa de la pandemia por COVID-19, “aumentan el riesgo de violencia en la familia” y que “las mujeres, los niños y los ancianos son los grupos más vulnerables”. “En particular, la Defensoría de los Derechos Humanos ha recibido siete llamadas telefónicas”, se informó el 8 de abril. “Todas las llamadas se referían a la violencia ejercida contra esposas e hijos por parte del marido. Por otro lado, esta cifra, por supuesto, no refleja el panorama real, ya que las víctimas de violencia doméstica prefieren no plantear tales casos”. Días más tarde, se inició una campaña de concientización contra la violencia doméstica.

El 14 de abril, la Defensoría de los Derechos Humanos informó que recibieron “13 denuncias por violencia contra mujeres, niños y un caso contra un anciano”. Ese mismo día se anunció un grupo de trabajo especializado en prevención de la violencia doméstica. En comparación, en 2019 la Defensoría de los Derechos Humanos recibió 100 denuncias por estas mismas problemáticas. La cuarentena en Armenia no se extendió por mucho más tiempo.

Durante 2018, se registraron 707 casos de violencia intrafamiliar, entre ellos 673 casos de violencia física, 33 de violencia psicológica y 1 de violencia económica, de acuerdo con el organismo: en 441 de esas situaciones, fue el esposo quien violentó a su esposa, en 48 oportunidades fue un padre contra su hijo o hija, en 48 casos el hijo o hija contra sus progenitores y en 116 casos, otros familiares. La Policía de Armenia emitió 435 órdenes de advertencia y 132 órdenes de intervención de emergencia en 2018 por casos de violencia doméstica, mientras que ese mismo año, el Comité de Investigación examinó 519 casos penales de violencia doméstica, de los cuales 393 fueron investigaciones completas y 297 fueron desestimados, 91 por motivo de absolución y 206 casos por otras situaciones.

“Sin embargo, se desconoce el número real de casos de violencia de género porque el problema permanece oculto. Los centros de apoyo a la violencia doméstica y las ONG normalmente informan un mayor número de casos que los detectados por organismos estatales. No existen estadísticas oficiales detalladas a disposición del público sobre el problema de la violencia de género y su impacto en las mujeres y sus familias. De los datos anteriores notamos que casi la mitad de los casos de violencia doméstica han sido desestimados por los investigadores del Comité de Investigación y esto indica la falta de un enfoque centrado en la víctima, así como la falta de criminalización, lo que deja a los abusadores sin rendir cuentas por sus acciones y disuade a las mujeres de continuar con los juicios a largo plazo”, plantea un informe de la Coalición para detener la violencia contra las mujeres (Coalition to Stop Violence against Women), una organización fundada tras el asesinato de Zaruhi Petrosyan, de 20 años, el 1º de octubre de 2010 por parte de su esposo Yanis Sarkisov.

En enero de 2021, UNICEF Armenia lanzó una aplicación para celular con una “Guía de bolsillo sobre violencia de género en Armenia”. “El aumento de la violencia de género ha sido una de las manifestaciones del estrés y la ansiedad en los hogares como resultado de los encierros y el impacto económico del COVID-19. Las mujeres fueron y continúan siendo afectadas de manera desproporcionada. La disponibilidad de la Guía de bolsillo sobre violencia de género en Armenia ayudará a orientar a los trabajadores humanitarios a apoyar a las mujeres sobrevivientes de violencia y garantizar que se respeten sus derechos”, declaró la representante de UNICEF en Armenia, Marianne Clark-Hattingh.

Un reporte de 2016 del Fondo de Población de Armenia de las Naciones Unidas (UNFPA) titulado “Los hombres y la igualdad de género en Armenia” concluyó que “las rígidas normas y percepciones sociales patriarcales y ‘tradicionales’ con respecto a la masculinidad, feminidad, igualdad de género, sexualidad, relación con los miembros de la familia, incluidos los niños, división de las tareas del hogar, así como aceptación de la violencia contra la mujer, violencia de pareja y la violencia entre pares, todavía prevalece bastante en la sociedad armenia”. “Esta prevalencia indica que la violencia contra las mujeres y las parejas íntimas sigue siendo un tema controvertido y no resuelto y refleja la insuficiencia de los esfuerzos para desarrollar una cultura de género democrática con la no violencia, la no discriminación, la igualdad de género y la equidad como principios básicos”, señaló el informe.

En marzo del 2020, la organización internacional Human Rights Watch (HRW) denunció que la violencia de género es uno de los problemas “más graves” de Armenia en materia de derechos humanos.

En su informe de enero de 2021, HRW brindó mayores detalles: “Los medios de comunicación y los grupos de la sociedad civil dieron a conocer varios casos brutales de violencia doméstica, incluido un asesinato en marzo en Gyumrí, cuando un hombre mató a golpes a su pareja doméstica. También hirió a su hija de 13 años, que pasó meses en un hospital recuperándose del asalto. El hombre está a la espera de juicio por homicidio involuntario y otros cargos. La violencia doméstica no es un delito grave ni una circunstancia penal agravante en el código penal”. Según datos oficiales, durante el primer semestre de 2020, las autoridades investigaron 395 casos delictivos de violencia doméstica. Presentaron cargos contra 196 personas y enviaron 62 casos a los tribunales.

“Las medidas relacionadas con el coronavirus pusieron en peligro aún más la seguridad de las sobrevivientes de violencia doméstica. El Centro de Apoyo a la Mujer, una organización no gubernamental, informó en junio que las llamadas a su línea directa fueron un 50% más altas que durante el mismo período del año pasado. Sin embargo, también señaló que es posible que muchas mujeres que sufren abusos no hayan podido pedir ayuda durante los encierros”, advirtió el organismo. Armenia cuenta con solo dos refugios para sobrevivientes de violencia doméstica, administrados por el Centro de Derechos de la Mujer, con capacidad total para 17 a 20 personas. “Durante la cuarentena por la pandemia, el gobierno no tomó medidas específicas para garantizar que las víctimas de la violencia doméstica pudieran acceder a los refugios”, planteó HRW.

“La ley armenia no protege eficazmente a las sobrevivientes de violencia doméstica, poniendo en peligro sus vidas y su bienestar. El Convenio del Consejo de Europa para prevenir y combatir la violencia contra la mujer y la violencia doméstica (Convenio de Estambul) aún no se ha enviado al parlamento para su ratificación. El gobierno firmó la convención en 2018”, explicó el organismo.

En 2018 se aprobó una ley sobre violencia doméstica, que no tipifica la misma como delito autónomo ni preveía respuestas estatales para la prevención, protección y castigo del crimen, mientras que el Código Penal armenio establecía como objetivos “restaurar la armonía en la familia” y reconciliación, algo que podía entenderse como un incentivo a la víctima para que vuelva con su victimario. Uno de los artículos, el 105, mitigaba la responsabilidad penal si existe “comportamiento inmoral por parte de la víctima o atentados a la dignidad o al honor del perpetrador”, una especie de justificación de la violencia en base a si la mujer cometió adulterio. Armenia tampoco tiene una línea nacional de teléfono para denunciar casos de violencia doméstica ni capacitaciones para quienes reciben las denuncias en primer lugar. En octubre de 2019, ante las críticas y pedidos de organizaciones de la sociedad civil, las autoridades armenias introdujeron enmiendas a la legislación: eliminaron las referencias a “restaurar la armonía en la familia” y la reconciliación como los conceptos principales de la ley, ampliaron su aplicación a “parejas anteriores y actuales” –y no sólo a actuales- e incluyeron el “comportamiento controlador” como una forma de violencia doméstica.

La guerra: víctimas de la crisis humanitaria

La guerra desatada por Azerbaiyán y Turquía contra Armenia y Artsaj (Nagorno Karabaj) dejó un saldo indeterminado de fallecidos (se estima que más de 4.000 soldados). Si bien los hombres armenios jóvenes fueron las principales víctimas del conflicto, la crisis humanitaria generó una enorme cantidad de problemas en la población civil y, particularmente, en las mujeres, quienes fueron desplazadas o tuvieron que sobrevivir en los búnkers de Artsaj. Los reiterados crímenes de guerra por parte de Azerbaiyán incluyeron, también, el bombardeo a un hospital de maternidad en Stepanakert.

En octubre de 2020, durante la guerra, la Coalición para detener la violencia contra las mujeres envió una carta a ONU Mujeres en la que denunció que “las mujeres de todas las edades enfrentan el desplazamiento, la pérdida de su hogar y bienes, la pérdida o desaparición involuntaria de familiares cercanos, la pobreza, la separación y desintegración familiar, la victimización por actos de asesinato, terrorismo, tortura, desaparición involuntaria y abuso sexual”.

Durante ese período se conformó “Mujeres de Artsaj”, un grupo integrado por mujeres y familias que fueron desplazadas por el conflicto. Ellas se manifestaron en reiteradas oportunidades frente a la oficina de Naciones Unidas en Armenia, en la oficina de la Unión Europea y en distintas embajadas. Pero no fueron escuchadas.

Terminado el conflicto, los organismos y la diáspora comenzaron una campaña para exigir la liberación de Maral Najarian, una mujer armenio-libanesa que luego de la explosión en Beirut se trasladó a Artsaj, donde fue secuestrada por el ejército azerbaiyano y quedó presa en Azerbaiyán hasta la fecha. La situación del cautiverio ilegal por parte de Azerbaiyán fue una cuestión excesivamente peligrosa para las mujeres civiles, quienes quedaron a merced del Ejército azerbaiyano, conocido por llevar adelante torturas, decapitaciones, mutilaciones y asesinatos contra prisioneros de guerra.

Zaruhi Hovhannisyan, representante de la Coalición para detener la violencia contra las mujeres, advirtió el 31 de enero de 2021 que “aumentará el número de violencia intrafamiliar debido a que los hombres que participaron en la guerra regresaron con sus familias sin pasar por ningún programa de rehabilitación. Esto conducirá a que estas familias tengan quye soportar la terrible carga de la situación traumática”.

De acuerdo con Hovhannisyan, “no tenemos esos programas en las instituciones de asistencia social que brindan programas de rehabilitación después de una violencia a gran escala en el exterior, como la guerra o un ataque armado, para que los involucrados en toda esa violencia no la lleven a sus hogares”.

Sobre el rol de las mujeres durante la guerra, una de las principales figuras del Ejército armenio fue Shushan Stepanyan, portavoz del Ministerio de Defensa de Armenia. Stepanyan, quien renunció luego de la capitulación firmada por el primer ministro Nikol Pashinyan, fue uno de los canales de comunicación más importantes de la fallida política de comunicación del Gobierno armenio. Sin embargo, su rol durante la guerra le valió una gran cantidad de amenazas de muerte por parte de la población de Azerbaiyán, agravadas por mensajes de odio y ataques por ser mujer.

Situaciones similares vivió la primera dama de Armenia, Anna Hakobyan, luego de su decisión para enlistarse en el Ejército el 26 de octubre. La Primera Dama conformó la brigada femenina de 13 mujeres llamada Erato, cuyo nombre estuvo inspirado por la Reina Erato (nacida en la segunda mitad del siglo I aC y la primera mitad del siglo I, murió en algún momento después del 12), hija de Tigranes III, quien fuera una princesa del Reino de Armenia y miembro de la dinastía Artaxiad. Además, Hakobyan le envió cartas a otras primeras damas del mundo, entre ellas a la argentina Fabiola Yáñez, para pedirles que sus países “reconozcan a la República de Nagorno Karabaj”.

En mayo del 2020, el defensor de los derechos humanos de Armenia, Arman Tatoyan, participó de una conferencia titulada “Los derechos humanos y las mujeres en las Fuerzas Armadas de Armenia”, donde planteó que la protección de los derechos de la mujer en las fuerzas armadas, su participación y promoción, así como la igualdad de oportunidades, son una prioridad de las actividades de la Defensoría de los Derechos Humanos, mientras que la “participación de las mujeres tendrá un impacto positivo en la toma de decisiones”.

La crisis política: sin participación femenina

El 9 de noviembre se firmó un acuerdo trilateral por el fin de la guerra entre el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, y el presidente de Rusia, Vladimir Putin. La firma de la capitulación armenia, que incluía la entrega de territorios controlados por Artsaj y el consentimiento de la ocupación de territorios de la Artsaj independiente por parte de Azerbaiyán, así como también la apertura de un corredor en Meghri, Armenia, desató una crisis política sin precedentes en el país.

Prácticamente la totalidad de las instituciones de Armenia y la diáspora, entre ellas, la Iglesia Apostólica Armenia, el Ejército y el propio Presidente, pidieron la renuncia del Primer Ministro y el llamado a elecciones anticipadas. Un grupo de 17 partidos opositores, entre los que se encuentra la Federación Revolucionaria Armenia (FRA – Tashnagtsutiún) como uno de los principales líderes, conformaron el Movimiento de Salvación de la Patria y anunciaron a Vazgen Manukyan como su candidato a Primer Ministro. Los expresidentes Robert Kocharyan y Serzh Sargsyan también exigieron la renuncia de Pashinyan, quien, por su parte, se negó a aceptar.

Pero Nikol Pashinyan, Vazgen Manukyan, Robert Kocharyan y Serzh Sargsyan tienen algo en común.

El Parlamento de Armenia está compuesto por 41 escaños electos en 41 distritos electorales uninominales y 90 escaños disputados mediante un sistema de representación proporcional en una lista nacional. El número de personas de cada sexo no puede superar el 80% de cualquier grupo de cinco candidatos a partir del segundo número de la lista electoral (2-6, 2-11, 2-16 y así sucesivamente hasta el final de la lista) de un partido político o alianza de partidos políticos y de cada partido incluido en una alianza para la elección de la Asamblea Nacional bajo el sistema electoral proporcional. En base a la elección de 2018, del total de 132 escaños, 31 están ocupados por mujeres, lo que constituye un 23% del total.

La baja participación de las mujeres en el Parlamento es una derivación directa del liderazgo de los partidos políticos de Armenia, controlados en su totalidad por hombres.

En un artículo para el Centro de Recursos de Mujeres en 2016 titulado “Discriminación de género: ejército, medios de comunicación, política, matrimonio, educación”, la periodista Tamara Hovnatanyan explica que existen “prácticas discriminatorias” y una “incompleta utilización de los derechos políticos y la aplicación absolutamente ineficiente del capital humano en la administración y gestión públicas”, considerando que “las mujeres en Armenia comprenden el 52% de la población, mientras que entre las personas con calificaciones de educación superior su proporción es del 60%”.

En caso de que se lleven adelante elecciones anticipadas en Armenia, debería debatirse en un primer momento la ampliación del cupo femenino, que las organizaciones no gubernamentales que defienden los derechos de las mujeres esperaban y recomendaban a la legislación del Código Electoral que se aumente al 30%.

Matías Romero
Editor del Diario ARMENIA

Compartir: